NTICs: la aventura de aprender

Categoría: Asociación Civil
Ubicación geográfica de desarrollo de la práctica:
Córdoba - Córdoba - Barrio Bella Vista

Nombre de la Organización: Fundación Pedro Milesi y Biblioteca Popular de Bella Vista
Teléfono: 0351-4684979
E-mail: sufio@arnet.com.ar
Localidad: Rufino Zado 633, barrio Bella Vista
Provincia: Córdoba
Página Web: http://www.fundacionpmilesi.org.ar

Actores involucrados en la práctica: Personal Rentado
Personal rentado: 8
Personal voluntario abocado a la tarea: 2

Descripción detallada de la práctica basada en la educación como herramienta de inclusión:

Talleres para jóvenes y adultos: En 2008, 3 Grupos con un total de 183 inscriptos, con asistencia 2 horas, 3 veces por semana cada grupo. Ciclo marzo a noviembre. Ejercitación libre fuera de los horarios de taller. Las prácticas son colectivas y se inician con la manifestación de demandas de información (ya sea individual o del grupo) o de comunicación (familiar lejano, grupo o institución con actividades similares a las del participante); por ejemplo, información institucional necesaria para obtener empleo; información literaria o científica para realizar tarea escolar; o información sobre acontecimientos públicos: aprobación de leyes, manifestaciones políticas, efemérides, acontecimientos deportivos. En otros casos el objetivo es la producción de un texto (carta, artículo periodístico, informe, etc.) Una vez asumido colectivamente el tema y decidido el objetivo de la búsqueda, los participantes –guiados por el tallerista- acceden a Internet y recaban la información. El tercer paso es la elaboración del mensaje o la producción del diseño. El paso siguiente es la decisión sobre el soporte y el destinatario (de la información o del producto diseñado) y su envío o puesta en común. Lo antedicho implica que el participante utiliza el hardware y el software en función de sus necesidades de conocimiento, información y comunicación, y que éstas “preceden” al uso de aquell@s. Por lo tanto, su conocimiento y uso de las NTICs no proviene de un ejercicio abstracto o de un entrenamiento mecánico, sino que deviene una necesidad instrumental. El método implica también el ejercicio permanente de procesos de aprehensión de conocimientos no sólo ni preponderantemente técnicos, sino literarios, científicos, históricos, etc. Estos procesos de adquisición de conocimientos son realizados a partir de necesidades y objetivos concretos. Talleres para niños y niñas: en 2008, 2 grupos de niñ@s de 4 a 8 años y 2 grupos de 9 a 13 años, con un total de 65 inscriptos. El trabajo “en mesa” implica lecturas literarias y periodísticas (con comentario colectivo), relato oral de experiencias (historización), conversación sobre hechos o situaciones producidos en el barrio (estrategia dirigida a compartir las dinámicas sociales). Luego, trabajo de escritura –a veces individual, pero preferentemente colectiva- ilustración con dibujos, y después transcripción virtual, usando el software incorporado en el equipamiento del aula: desde abril a julio de 2008 se utilizó software de dibujo libre, procesadores de texto, programas de diseño de diapositivas, navegadores de Internet, comandos de guardado de documentos; utilizaron la red para encontrar sus trabajos y manejarlos en otras PC, abrieron casillas de correo. El proyecto de los 4 grupos es confluir para noviembre en la producción de una “revista” o cuadernillo que recoja lo que ellos mismos elijan de sus producciones. Durante todo el curso se trata el tema de los derechos que tienen los niños, en su casa, en la escuela, en la calle, y se estimula el protagonismo para ejercer su defensa. Las temáticas abordadas en los trabajos realizados en todos los talleres, son elegidas de acuerdo al proceso del grupo y apuntan a brindar nuevas estrategias para comprender el contexto social, replantearlo desde la perspectiva colectiva e individual y planificar nuevas acciones de inclusión, desarrollando conocimientos y revalorizando los preexistentes. De esta manera, los jóvenes mal integrados o expulsados del sistema formal de educación reconsideran el estudio académico como una posibilidad de inclusión y se preocupan en continuarlo y concluirlo; también replantean sus roles sociales, discuten sobre sus valores, se encuentran con otros jóvenes que atraviesan similares situaciones y acuerdan estrategias colectivas para manifestar lo que sienten y piensan o sortear los obstáculos que se les presentan en sus vidas cotidianas. Los niños se replantean sus roles dentro de la familia, la escuela y el barrio, descubriendo nuevas posibilidades de decisión o de participación, que derivan en nuevas perspectivas de inclusión en la sociedad. Los adultos aprenden mientras historizan junto a los jóvenes y adolescentes, revalorizando los roles dirigentes y organizativos; pueden comprender mejor su pasado y su presente, rescatando sus saberes y compartiéndolos, proponiendo y generando instancias de encuentro por fuera de los talleres, algunos hasta recuperando (o aprendiendo) palabras que les permiten comunicarse. Las computadoras son un nexo entre los aprendizajes desarrollados, las temáticas abordadas y las formas de asimilación y expresión. Las jóvenes del Instituto Santa Cruz, con necesidades especiales, trabajan como grupo, 1 hora 1 vez por semana (8 inscriptas). La metodología de trabajo es similar a la desarrollada en el resto de talleres y se agrega, en este caso, el trabajo con la música, depositando en esta particularidad la posibilidad de estimular sentidos que favorezcan el proceso de aprendizaje y la integración grupal, en estas alumnas con necesidades especiales..

Problema que intentan resolver: Procesos de educación informal

Descripción del grupo al que se intenta favorecer:

a) Adult@s y jóvenes, vecinos de barrio Bella Vista y aledaños; sus familias tienen bajos ingresos, miembros desocupados u ocupados en trabajo informal; la mayoría de los miembros de los grupos con escasa o nula práctica de pensamiento abstracto, bajo capital cultural. En 2008 son 3 grupos de jóvenes y adultos, con asistencia 2 horas 3 veces por semana cada grupo. Integran estos grupos, además, internos del establecimiento Nº 9, dependiente del Servicio Penitenciario Provincial, en proceso de reinserción social b) Niños y niñas, vecinos del barrio Bella Vista, pertenecientes a familias con bajos ingresos, con sus integrantes adultos desocupados u ocupados en trabajo informal, bajo capital cultural, con un 70% de escolarizados, atravesados por la violencia social imperante en el contexto social en el que están inmersos. Son 2 grupos de 4 a 8 años y 2 grupos de 9 a 13 años. Asistencia: cada grupo 1 hora, 2 veces por semana. c) Internas de la Residencia Santa Cruz, del Ministerio de Justicia y Seguridad del Gobierno de la Provincia de Córdoba, jóvenes y adultas de 13 a 20 años, en proceso de reinserción social, en el marco del plan especial de formación del Instituto; la mayoría de ellas no alfabetizadas, con distintas discapacidades intelectuales y/o motrices, problemas psiquiátricos o psicológicos. Asistencia: 1 hora, 1 vez por semana.

Impacto que se logró en la calidad de vida del grupo:

En el caso de los jóvenes y adultos, el impacto se evidencia ya durante el ciclo-taller, donde la renovación de participantes está marcada, en casi un 70%, por su deserción debido a mejoras en la situación laboral de los participantes. El seguimiento que realizan los talleristas para dilucidar el porqué del egreso temprano del taller, muestra que en un porcentaje apreciable, es consecuencia de los nuevos aprendizajes adquiridos. Partiendo de que muchos desconocían, antes de su acceso a los talleres, la posibilidad de incluirse en una bolsa de trabajo vía Internet, se evidencia una situación mejorable que no requiere de una gran intervención. Un servicio de acceso gratuito e irrestricto a las NTICs, sumado a talleres donde se construye el aprendizaje del uso de las mismas, y se estimula su utilización como instrumento para acceder al mundo del conocimiento, garantiza una base importante para lograr un impacto considerable. Las prácticas reguladas por la actividad cultural creativa y colectiva, implican la creación de nuevos vínculos sociales, el intercambio de saberes, la revalorización del sujeto y del grupo, nuevas definiciones de la comunidad. Entonces, las personas encuentran realidades comunes y posibilidades de un mejoramiento (o del reclamo) en torno a problemáticas sociales. Por ejemplo, Carola, Sara y Romina pudieron valorizar sus aprendizajes previos, alentadas por las actividades del taller, y compartirlos con el grupo. Esto implicó afianzamiento de la confianza en sí mismas y nuevas aspiraciones laborales. Hoy una se encuentra trabajando en tareas administrativas en un geriátrico y las otras en locales comerciales, superando así una instancia anterior, que las encontraba desocupadas o en trabajos precarizados. De la misma manera, internos del Establecimiento Penitenciario Nº 9, que participan de los talleres, han comenzado a transitar su periodo de salidas laborales, en las que, aprovechando los nuevos aprendizajes adquiridos en los talleres, se desempeñan en distintos trabajos (fabrica de autopartes, talleres mecánicos, cerrajerías, trabajos administrativos…). Daniel, un joven de quince años, sin escolarización y en conflicto con la Ley al entrar al taller, encontró un espacio donde revisar los valores sociales y aprender computación. Participó como ayudante voluntario en dos talleres de computación para niños y en la actualidad se encuentra escolarizado. Es evidente que sus aspiraciones han sido modificadas y está predispuesto a formarse y participar. Maximiliano, otro joven de quince años, pudo problematizar en su casa una situación de violencia familiar, apoyado por los talleristas, el grupo taller al que pertenece y el resto de la Fundación. Ha involucrado a su madre para denunciar a su padre que, debido a la reciente situación de desocupación que atraviesa, tiene permanentes expresiones violentas hacia el resto de su familia. Él ha manifestado que de no haber escuchado en los talleres sobre sus derechos no habría encontrado sentido en realizar la denuncia. Paralelamente, se puso al frente de la organización de acciones de protesta, realizadas con otros adolescentes y jóvenes de los talleres (Leonardo, Fernanda, Vanesa, Ángel, Pablo, Marco, Carla, Jonathan, Laila, Paulo, Cristian, Maximiliano, Matías, etc.), para denunciar la persecución policial de la que son víctimas, que les impide (por ejemplo) trasladarse al centro de la ciudad a buscar empleo; pero que sobre todo, los vulnera en sus derechos legítimos de transitar libremente sin ser juzgados ni discriminados. En el caso de los niños, el 90% ha comenzado la práctica de la lectura y la escritura, perfeccionando desde marzo a la fecha estos ejercicios. Han descubierto y participado en actividades que han implicado nuevas formas de expresión (estéticas e instrumentales). Aprendieron y trabajaron sus derechos y obligaciones, así como los derechos y obligaciones de los adultos. Esto generó distintos reclamos por parte de los niños en el seno de sus familias, dándoles la posibilidad de ser actores en la convivencia familiar, sacándolos del lugar de víctimas de la misma. Así, Belén pudo decirle a su mamá que ella tiene derecho a estudiar y a realizar actividades placenteras, ya que su madre le había planteado que dejara el taller de computación para cuidar a sus hermanos más chicos. Al día de hoy, Belén se siente complacida de no haber abandonado el taller y es una de las participantes más comprometidas con las distintas instancias de aprendizaje. Además, colaboró con su madre para buscarle una solución intermedia al problema del cuidado de los niños, involucrándose desde su inteligencia práctica y social en resolver un conflicto familiar. María, Carlitos, Evelyn, Brian, Oriana, Kevin y Aitana, pudieron plantear en distintas ocasiones su disconformidad con acontecimientos producidos dentro del grupo taller. Aprovechando esta situación, se rescató la participación activa de los niños como co-constructores de las propuestas formativas, desafiándolos a que propongan actividades, compartan sus conocimientos, utilicen su imaginación y revaloricen la importancia de la solidaridad en los procesos educativos. A partir de estos acontecimientos, la totalidad de los niños (más marcado en los grupos de niños más grandes) ha incrementado su nivel de participación en los talleres, proponiendo actividades, colaborando con su direccionamiento y trasmitiendo saberes al resto de participantes. Algunos niños, como en el caso de Evelyn, manifiestan que realizan este ejercicio en sus escuelas, a partir del descubrimiento de esta posibilidad. Esto ha aumentado en ellos y ellas el interés por los procesos educativos y los pone en un rol distinto dentro de sus escuelas.

Aspectos creativos o diferenciales de la práctica:

La utilización de las NTICs como soporte para: revalorizar aprendizajes preexistentes del orden científico, cultural y social; adquirir, mediante el trabajo colectivo, nuevos aprendizajes que faciliten los procesos de inclusión social; construir nuevas representaciones sociales; desarrollar la creatividad, la conciencia crítica y nuevas formas de expresión y comunicación, son algunos de los aspectos sobresalientes, que diferencian esta práctica educativa de otras vigentes en el sector. Mientras en la escuela se plantea aprender las matemáticas y la lengua desde los “manuales” del grado, muchas veces abstraídos de la realidad social y cultural que atraviesan los educandos, en los talleres de computación los participantes aprenden a escribir sus palabras, y a partir de que logran revalorizarse como sujetos capaces de aprender, compartir saberes y superarse, comienzan a descubrir nuevos horizontes de aprendizaje. No son analfabetos: conociendo con placer, la mayoría no presenta dificultades de aprendizaje. Son personas excluidas del sistema laboral, del sistema formal de educación, o que sufren las consecuencias propias de la realidad social (pobreza, violencia social, marginalización, carencia de proyecto personal y colectivo, precarización laboral, etc.). Cuando logran visualizar esos nuevos horizontes, superando la instancia en la que se encuentran, se potencian; y es ahí cuando la metodología de la propuesta cobra valor, ya que los enfrenta al objeto cognoscible con una mediación restringida del tallerista (que se reduce a dirigir la dinámica de trabajo colectivo y a aportar datos claves para que puedan superar las instancias de aprendizaje). Es el momento en que el participante descubre que puede seguir aprendiendo por medios propios, más si se encuentra apoyado por un colectivo de personas con el que puede consultar dudas y compartir descubrimientos. Luego del nuevo aprendizaje, la aplicación de los saberes, mediante el trabajo colectivo, en actividades que están dirigidas a entender, mejorar, cambiar o transformar situaciones sociales, nos sumerge en una perspectiva superior a la que puede desarrollarse en una mera instancia de aprendizaje: lo aprendido es un objeto aplicable y sirve para resolver problemas cotidianos, históricos y para planificar el futuro. Es aquí cuando el conocimiento cobra un carácter social y también cuando se produce una tracción entre lo que los participantes de las instancias experimentaron en el ejercicio académico y lo que ahora advierten con la práctica descubridora del objeto cognoscible. La libertad en el proceso de aprendizaje y el trabajo desarrollado con la dimensión social de los conocimientos adquiridos son dos características sobresalientes de la metodología implementada. Por otra parte, los participantes de los talleres no sólo habían sido acostumbrados a consumir aprendizajes (en vez de construirlos mediante la exploración crítica de lo que se pretende aprender), sino que también llegan a los talleres (casi como generalidad) como consumidores pasivos de todo lo que ofrecen los distintos mercados. El consumo “cultural” y de contenidos de información es una constante. Los talleres, como instancias superadoras, proponen primeramente estrategias de selección crítica de lo que habitualmente se consume en el plano de productos culturales y de información. Esto se logra cuando en distintas actividades se proponen nuevas fuentes donde los participantes encuentran otras opciones a las que ya conocen mediante la televisión, la radio, la publicidad del espacio público, los materiales discográficos, los videos, algunas revistas y algunos diarios. Así se aumenta la posibilidad de elegir lo que más se ajusta a las necesidades reales de los interesados. Pero aquí no termina el trabajo. El paso siguiente es dejar de ser simples consumidores o depositarios de contenido y comenzar a construirlo con las herramientas de las que disponemos. Por ende, la actividad creativa, enmarcada en un trabajo analítico de la situación y las necesidades sociales y respaldada por los nuevos conocimientos adquiridos, nos conduce hacia el descubrimiento de nuevas formas y estéticas, que sólo pueden adquirirse cuando un colectivo logra encontrar un código de expresión, distinto al que los aliena, que les permita problematizar hacia adentro y afuera del grupo situaciones históricas y complejas que pueden ser modificadas. El trabajo colectivo que se encara cuando se quiere representar una situación generalizada, que atraviesa de distintas maneras a los integrantes de un grupo, no es una tarea menor. La metodología de los talleres está orientada también a organizar ese trabajo grupal para que puedan ser aprovechadas por el colectivo las capacidades individuales de los sujetos. A la hora de producir contenido se comparten las posturas sobre el tema que atravesará el trabajo y se organizan los sujetos (dividen funciones, establecen responsabilidades, metas y acuerdos, etc.) para poder representar lo que opinan, o manifestarse, o crear nuevas formas que, además de producirles placer, se conviertan en símbolos de sus realidades y puedan generar reacciones en el resto de sus vecinos, sus familiares, conocidos y desconocidos.

Principales obstáculos o desafíos que encontraron o encuentran para el desarrollo de la práctica:

Lectura y escritura: los participantes tienen conocimientos muy deficientes de lectura y escritura, y además presentan resistencias a la hora de desarrollar este ejercicio. Para solucionar este problema, utilizamos cuentos y fragmentos de libros y textos que pueden causar placer al ser leídos. De a poco, los participantes fueron encontrando nuevas facetas en la lectura. Aprendieron a imaginarse lo que escuchaban y a representar en objetos culturales (representaciones artísticas) el resultado de esa imaginación. Se sintieron cómodos con la nueva experiencia y empezaron a demostrarse predispuestos para el ejercicio. Al llegar una persona nueva al taller, volvía a presentarse el mismo problema y se re-comenzaba el proceso, con la diferencia de que la gran mayoría de los integrantes de los grupos ya mostraban un interés marcado en el ejercicio. Para que eso se convirtiera en un hábito, se establecieron días y horarios para la lectura, acompañando la estrategia con una “valija” de libros seleccionada especialmente según los gustos literarios que iban desarrollando los participantes, o que los talleristas tenían. También se implementaron las lecturas colectivas, lecturas corales, radioteatros, escritura permanente, etc. En la actualidad se hace notorio un avance en este aspecto: la práctica de la lectura ha mejorado la escritura y, a la inversa, descubrirse como escritores los ha conducido a la lectura. Aprovechando la Biblioteca en primera instancia e Internet como fuente de material de lectura, el acceso al material no ha significado un problema, más bien favoreció el ejercicio. También encarar el descubrimiento de la computadora mediante la lectura de la misma (las opciones, los comandos, los distintos avisos de errores, la iconografía, etc.) ha sido un condicionante para aquel que tenía problemas en la lectura, lo que fue utilizado como aliciente para la iniciación en la práctica. Ansiedad por conocer la solución antes de explorar el problema: los participantes están acostumbrados a ser tutelados en las instancias de aprendizaje y se resisten a pensar soluciones por cuenta propia y a resolver problemas con el apoyo de sus compañeros. Buscan en el tallerista la figura del docente “clásico”, que recita contenidos. Para respetar la metodología que proponen los proyectos formativos, era fundamental superar este problema. Libramos entonces una batalla contra la demanda de enseñanzas de los sujetos, estimulando la predisposición a aprender, en la modalidad de descubrir. Desde un principio, los sentamos frente a la computadora, o a la cámara digital, o al escáner, o al reproductor de mp3, o al celular, les proponemos una actividad y los alentamos a que la resuelvan, dejándoles en claro que íbamos a estar allí si necesitaban de nosotros. Las primeras veces los participantes hasta se enojaban cuando no contestábamos inmediatamente sus preguntas, o cuando lo hacíamos con una pregunta orientadora. Luego se fueron acostumbrando y eso hizo que la autonomía en el proceso de aprendizaje se fortaleciera. A partir de ahí, se establecieron estrategias para que los que habían descubierto las soluciones compartieran sus experiencias con el resto y los que no habían podido descifrar el problema comenten qué complicaciones se les habían presentado. Esto a su vez nos permitió compartir dudas y aprendizajes y que el grupo comprendiera el rol del tallerista, que está ligado a la organización y direccionamiento de las instancias de aprendizaje, para que se puedan producir conocimientos colectivos y que estos sean compartidos entre todos. Deserción en los grupos por causas personales: los adultos consiguen trabajo y cambian sus responsabilidades; se ven obligados a abandonar. Los niños dependen de los adultos y están sujetos a la disponibilidad de los mismos (faltan en reiteradas ocasiones, abandonan por cambio de domicilio o porque sus padres consiguen trabajo). Los adolescentes y los jóvenes tienen una asistencia irregular por motivos varios. Para poder mejorar esta situación, planteamos en los grupos la importancia del trabajo en equipo y el rol que cada uno cumple en las actividades colectivas. Esto, como una simple proposición, no ayudaba demasiado. Entonces se nos ocurrió realizar actividades prolongadas en el tiempo (por ej.: construcción de un fascículo, grabación de radioteatros, confección de esténcils para pintar remeras, trabajos con diapositivas digitales, construcción de cámaras fotográficas caceras, emisiones radiofónicas por Internet, etc.) e involucrar a los participantes en distintas tareas que eran de interés particular de cada uno de ellos. A la fecha, el problema se ha visto mejorado en parte y seguimos pensando estrategias superadoras, tales como involucrarlos en las instancias de planificación de las actividades.

Etapas del proyecto - plan de acción - cronograma:

Talleres de computación para jóvenes y adultos: Cada instancia constará de: • Actividad de socialización de avances y dudas de cada participante en torno a la herramienta (10 minutos aproximadamente). • Explicación de la actividad a desarrollar, entrega de instrucciones. (10 minutos). • Instancia de producción cultural: la misma encontrará a los participantes desarrollando sus capacidades creativas en torno a la propuesta de actividad para la jornada, la que será plasmada mediante la utilización de la computadora (30 minutos más o menos, dependiendo del proceso de los asistentes). • Etapa de Socialización: se comparten las producciones culturales. Ahí mismo se indica y se discute el programa óptimo para potenciar, archivar, plasmar, digitalizar lo realizado; además, en esta instancia se orienta en la utilización del programa y del ordenador electrónico (15 minutos). • Aplicación de la Herramienta: se trabaja lo producido con la Computadora o el instrumento elegido, con la debida atención y el acompañamiento del Tallerista (45 minutos). Talleres de computación para niños: Cada encuentro constará de: 1. Actividad de inicio: trabajos realizados en la mesa, lectura de textos, producción de dibujos a partir de un texto. Tiempo aproximado: 15 minutos. 2. Actividad de desarrollo: trabajos realizados en la computadora. Tiempo aproximado: 30 minutos. 3. Actividad de cierre: socialización de los conocimientos adquiridos. Tiempo aproximado: 15 minutos.

Recursos para el desarrollo de la experiencia:

La participación en los talleres (como en el resto de las actividades de la Biblioteca Popular de Bella Vista), es totalmente gratuita. La Fundación Pedro Milesi y Biblioteca Popular de Bella Vista financia esta (y otras actividades) con recursos propios, provenientes de donaciones, premios, aportes de instituciones sin fines de lucro, etc.; que se destinan al pago de becas a los talleristas, equipamiento y software, insumos, servicios públicos, banda ancha, mantenimiento y reparación de los equipos, seguros, mantenimiento y limpieza edilicios, etc.


¿En el caso de resultar premiada la práctica postulada, en qué invertiría el dinero del premio?
En actualización de hardware; en sistematización de la práctica: análisis, discusión (con emprendimientos en situaciones sociales similares), y en su difusión.




Premio Comunidad Inclusiva 2007


Para mayor información comuníquese con la Fundación La Nación por el (011) 4319-4555 de lunes a viernes de 10 a 16 hs., o por correo electrónico a premiocomunidad@lanacion.org.ar
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