¿Y yo que sé?

Categoría: Asociación Civil
Ubicación geográfica de desarrollo de la práctica:
Ciudad Autónoma de Bs As - Ciudad de Buenos Aires - Ciudad de Buenos Aires

Nombre de la Organización: Institución Ferlabó
Teléfono: 011-4804 4329
E-mail: botasymol@uolsinectis.com.ar
Localidad: Ciudad de Buenos Aires
Provincia: Buenos Aires
Página Web: www.botix.com.ar/ferlabo

Actores involucrados en la práctica: Voluntarios
Personal voluntario abocado a la tarea: 100

Descripción detallada de la práctica basada en la educación como herramienta de inclusión:

Adiestramiento de docentes, asistentes sociales, representantes de comunidades en situación de riesgo, padres y madres de familia, para revertir el estado de indiferencia cultural que afecta a la niñez y a la juventud y rompe los lazos de contención existencial que deberían protegerlas y proporcionarles base firme para avanzar en procura de un porvenir feliz. FUNDAMENTACIÓN Y yo... ¿qué sé? Por Olga Fernández Latour de Botas Todos los seres humanos tenemos las mismas necesidades básicas. Lo diferente son las respuestas culturales que poseemos para satisfacerlas. La Argentina ha dado la espalda, desde hace mucho tiempo, a los valores que esa diversidad encierra y, en la actualidad, ya casi nadie piensa en ellos como recursos adecuados para la fundamentación de planes de desarrollo sustentable o como elementos aptos para lograr la vigencia consensuada de programas auxiliares de gobernabilidad. La pobreza, como mal instalado y mudo, suele parecer menos dramática que el empobrecimiento en proceso, con los gritos de dolor de quienes ven sus manos vaciadas y sus mentes yermas de ideas para producir un cambio en el progresivo agotamiento de su capacidad para sobrevivir. Los nuevos pobres no se resignan a que su destino sea la dependencia y la mendicidad. Es el momento de recordar que, los que antes eran considerados “pobres”, no lo fueron siempre hasta tales extremos. No eran mendigos los pueblos indígenas, sino señores del medio en que habitaban. No se enseñó a ser mendicantes sino labriegos, artesanos y artistas a los aborígenes de las misiones que el cristianismo instaló en nuestro territorio después de la conquista. No eran mendigos sino poseedores orgullosos de la sabiduría pluricultural de sus predecesores los pobladores criollos de la Argentina. Durante siglos la gente supo ubicarse en el medio natural, recoger de él sus primicias, conservarlas y transformarlas en beneficio de la sociedad humana no sin cuidar ( con la ayuda del pensamiento mítico en “dueños” y “abuelos” de la flora, de la fauna, del agua y de la tierra) el debido equilibrio que hoy proclama la Ecología. Se sabía celebrar fiestas y ceremonias, cantar, bailar y jugar, adorar a Dios, educar a los niños y jóvenes y honrar la memoria de los antepasados. Las familias vivían con otras familias de su grupo regidas por diversas normas de comportamiento . La existencia en poblados homogéneos les daba apoyo y contención. Era causa de orgullo colectivo la hazaña individual y la afrenta o el delito eran penados, no sólo con la vergüenza y la exclusión de ciertos beneficios para quien los cometiera, sino con la exigencia de reparaciones brindadas por su familia a una comunidad que creía que aquel mal atraería hacia todos el rigor de lo sobrenatural Los ancianos eran respetados como consejeros y no ha de pensarse que sus leyendas y relatos explicativos fueran tediosos o se tornaran obsoletos: sorprendería hoy a muchos intelectuales vanguardistas cuánta picardía y cuánta movilidad creadora encierran esos tesoros de la oralidad. Tampoco fueron pordioseros sino esforzados y dignos trabajadores, plenos de conocimientos ancestrales y de proyectos nuevos, los colonos y los inmigrantes en general que, desde otras partes del mundo, llegaron a nuestra América para aplicar sus experiencias en las nuevas tierras que se ofrecían a su porvenir. Ante los protagonistas de la extrema pobreza actual - fenómeno urbano y periurbano, más que campesino- importa detenerse a observar su postura de airada resignación frente a una condición ónticamente desvalida que están transmitiendo a sus descendientes como única respuesta cultural al hecho básico de existir. Todos somos, en alguna medida, culpables de que así sea. No debe ocurrir más que aquellas personas, que en su mayor parte no son analfabetas, se refieran a su futuro con un lapidario “¡Y yo qué sé!. No, mientras sea posible usar las mismas palabras para inducirlas a reflexionar “Y yo...¿qué sé?”. Será ese el paso previo, sin duda el más difícil, para un remontarse desde la actual actividad mendicante, explícita o encubierta, a la sabiduría de sus antepasados, hasta llegar a aquellos que sabían otras cosas, y cuyos conocimientos sobre el hombre y la naturaleza los ayudaban no sólo a sobrevivir malamente sino a vivir con la dignidad plena de quien es capaz de decodificar los signos de su medio. Un retorno planificado a la vida aldeana o pueblerina en distintos lugares aptos del extenso territorio argentino es el primer remedio para este mal que tanto nos duele. Ya no serán los pueblos de antes. Por la industria de los propios habitantes, dirigida y sustentada desde otros niveles económicos y tecnológicos, habrá servicios esenciales, accesos y comunicaciones adecuados, educación y salud debidamente asistidas y controladas. Es cierto que los pobladores no estarán ya cerca de los grandes clubes de fútbol ni de los canales de televisión para ver diariamente en persona a sus ídolos mediáticos, pero será aliciente para su trabajo fecundo el poder trasladarse a ellos en tiempo de vacaciones o jornadas de fiesta. La vida de pueblo restituirá a estas personas - entre las que se encuentran valores morales y capacidades intelectuales tal altos como en cualquier otro grupo- el deseo de ser respetables, de educar a sus hijos en el trabajo honrado, no en busca del alivio especioso de la dádiva ni mucho menos de la oportunidad tentadora del descuidismo, cuyas técnicas de viveza y habilidad destruyen moralmente porque, ya lo dijo José Hernández por boca de Martín Fierro: “Muchas cosas pierde el hombre/ que a veces las vuelve a hallar/ pero les debo enseñar,/ y es bueno que lo recuerden: / si la vergüenza se pierde/ jamás se vuelve a encontrar.” Si pasó el tiempo en que los pueblos nacían en torno de la estación del ferrocarril, tal vez venga ahora otro en que –“ pueblos con plaza” del siglo XXI- se reúnan nucleados por actividades de producción selectiva y alto valor agregado, como hierbas medicinales, conservas alimenticias y artesanías, cuya calidad alcance con el tiempo merecido prestigio y fomente tanto su exportación como el turismo atraído por su particular microclima cultural. Pensamos en comunidades cuyo afán de alcanzar una identidad respetada sea comparable al que nuestro pueblo pone en las actividades deportivas, con gremios que tengan sus colores, sus fiestas, sus patronos y una presencia orgullosa de su localismo en el concierto de la sociedad nacional. Ésta, por su parte, en los comienzos del proceso, debería volcar en ellas su firme espíritu de solidaridad moral y material, que a veces se traduce en meras acciones asistencialistas, en lugar de emprendimientos educativos. ¿Utopía? No necesariamente. Tal vez, al aliviar a las ciudades de quienes se alimentan de sus humores más contaminados, los gobernantes logren imaginar, además de planes técnicamente apropiados para las soluciones macroeconómicas, espacios educativos aptos para restituir a la gente conceptos olvidados: algunos tan simples como que una vivienda, por pobre que sea, debe tener cierta estética no desprovista de sacralidad (hasta los pájaros parece que así lo sienten) o que las manos poseen funciones más gratificantes que la de tenderse para pedir. El programa que hemos titulado “Y yo... ¿qué sé? no se promociona como apto para “eliminar asimetrías”, ya que cada individuo es único en la Creación y de su condición personal dependerán sus tendencias, gustos, opciones, desarrollo espiritual, intelectual y físico. Tampoco parece realista el prometer “igualdad de oportunidades” porque desde las características genéticas hasta el medio socio-cultural y desde el bioma natural hasta la tecnología accesible a cada ser humano según el tiempo histórico en que le toca vivir, no hacen sino mostrar desigualdades presentes desde la línea de largada de cada carrera vital. Lo que sí tratamos de inculcar es la práctica virtuosa que cada persona puede realizar desde su núcleo social básico, que es la familia, con el tomar conocimiento de los saberes heredados y de los beneficios que, durante generaciones, ellos han brindado a la comunidad de familias que los comparten y los alimentan. Si la familia se empeña por proporcionar, desde las primeras etapas de la crianza de un niño, estos supuestos esenciales tal como los halla en su propia tradición ( respecto del hombre y de la naturaleza, del mundo sobrenatural y de la espiritualidad, de los principios morales básicos del ser humano en sociedad, de la libertad y de la justicia, de los derechos y de los deberes, de los sentimientos de identidad y alteridad sin menoscabo de lo propio ni enfrentamientos con lo ajeno o diferente), será la escuela la que, aliviada su actual tarea de suplir esa función primaria que la familia deja con frecuencia vacante, podrá volcarse a la misión de educar y de instruir, con las miras puestas en los logros mayores a que pueda aspirar un ser humano en el mundo de nuestro tiempo. De este modo se logrará lo que es más necesario en este momento para la población en estado de riesgo de nuestro país: la inclusión social plena que consiste en proporcionar a cada ciudadano una condición psicofísica apta para recibir los mensajes de la tradición tanto como de la innovación y proyectarlos, mediante su propia intervención, en un medio social que los escuche e incorpore: un medio social capaz de transformarse de acuerdo con las necesidades de todos los sectores que lo integran. Cuando la expresión “Y..¡ yo que sé!” deje de tener como respuesta el difundido “Nada”, como despreocupada muletilla; cuando se transforme en pregunta y se convierta en el punto de partida de un estado de reflexión guiado por una meta semejante a la atribuida a Tales de Mileto, que grabaron los sabios en el templo de Apolo de Delfos, “Conócete a ti mismo”, se habrá dado un paso fundamental hacia el mejoramiento de la calidad de vida de todos los argentinos.

Problema que intentan resolver: Procesos de educación informal

Descripción del grupo al que se intenta favorecer:

La juventud de todos los grupos sociales de nuestro país se encuentran en situación de riesgo ante la divulgación permanente de comportamientos y prácticas depredadores de la identidad y de la moral social que se ofrecen como representativos de lo generalmente aceptado y que, por ese hecho, se instalan como prestigiosos y modélicos. Los sectores marginales, constituidos muchas veces por familias de radicación urbana o suburbana relativamente reciente, procedentes de comunidades rurales homogéneas, donde la división del trabajo es escasa, la economía se basa en el trabajo de la tierra, el trueque de productos y la industria casera, se resienten mucho más por el cambio y abandonan radicalmente todos los principios que sustentaban la existencia de la familia y de la comunidad de familias, incapaces de adaptarlos en forma sustentable al habitat nuevo. La imposibilidad de insertarse en función productiva en las grandes ciudades y las muchas tentaciones que éstas ofrecen, generan, en la juventud de estos grupos, procesos de frustración, resentimiento y escisión socio-cultural que conducen fácilmente a las alianzas peligrosas y al delito. A falta de las prácticas corporales funcionalmente asociadas a la vida rural, o de acceso al deporte sistemático que se practica – o que debería practicarse- en los centros urbanos, el desahogo de ímpetus juveniles suele volcarse en actividades pandilleras que van desde el atacar a sus maestros o a sus propios parientes y familiares, hasta los desafíos a la norma social con riesgo de vida a que nos tiene acostumbrados la trágica crónica periodística. La producción de artesanías, como actividad grupal, suele ser una excelente vía para conducir a los jóvenes hacia atractivas y benéficas metas como lo han demostrado experiencias en naciones hispanoamericanas (México, Perú, Guatemala, etc.). La observancia de celebraciones comunitarias de origen religioso, cívico o laboral proporciona un calendario donde la expectativa es un factor alentador para la rutina provechosa de la vida en familia que se verá quebrada, de manera virtuosa, por fiestas, ocasiones de lucimiento individual o grupal, consumición de comidas especiales y deliciosas, etc. . La elaboración de las comidas tradicionales, con el valor agregado de la afectividad hogareña y de la situación deseable del “comer en familia”, será uno de los elementos más destacables: no permitir que nadie llegue a una situación de riesgo por desnutrición debe estar grabado en la mentalidad de todos los miembros de las familias argentinas. Tocará a las personas mayores la tarea de predicar con el ejemplo conductas saludables y honestas, aprobadas por la comunidad, acordes con los principios de la ley natural y de las normas sancionadas por las instituciones oficiales correspondientes. El desenfreno, la transgresión, la falta de respeto por el cuerpo propio y ajeno, por la vida propia y por la de los demás, no serán motivo de elogio sino de desprecio. La gente común de nuestro pueblo argentino piensa fundamentalmente así... pero muchos son los padres de familia que, ante los comportamientos imperantes que divulgan las canciones, las telenovelas, los discursos mediáticos de distintos “íconos” sociales, no se animan a encarar la conducción de sus hijos por el camino recto para no interferir con su libertad, que acaba por ser libertinaje con sus peores consecuencias. Ante ese panorama y de una manera general ¿podremos hacer algo para paliar los grandes daños sociales enunciados, con la inocente propuesta de recuperar saberes ancestrales? Tal vez sí. Tal vez una de las claves consista en valorizar los saberes tradicionales de nuestra gente. Y como poseemos los datos ciertos en los cuales puede basarse tal tipo de programas hacemos aquí nuestra propuesta.

Impacto que se logró en la calidad de vida del grupo:

La práctica que hemos denominado “Y yo...¿qué sé?” no ha sido realizada aún sistemáticamente. Nos hemos inspirado en la evaluación, realizada en distintos lugares del país, tras la utilización del Atlas de la Cultura Tradicional Argentina para la Escuela (ACTAE) en los distintos niveles y modalidades de la enseñanza formal y no formal. Algunos de los comentarios recurrentes de los docentes que utilizaron ese material destacan: -Participación interactiva de las familias en el aprendizaje del “Caso de los cuatro Juanes” ( su texto generador): desde hace 20 años, en numerosos establecimientos educacionales de todo el país. Ha habido puestas en escena de este texto en verso, de más de 300 alumnos en el Teatro Auditorio de Mar del Plata, con participación en escena de padres de alumnos y de toda la comunidad educativa. Lo mismo ocurrió en Tandil en las actividades presentadas por el llamado “Tren cultural” , como lo demuestran los testimonios periodísticos que obran en nuestro poder. La aplicación de la metodología de reconocimiento identitario del ACTAE fue utilizada en institutos dependientes de la Secretaría del Menor y la Familia, en la modalidad TALLER, con resultados positivos. -Reconocimiento, en los textos del ACTAE, de saberes familiares olvidados, por parte de abuelos/ abuelas y padres/ madres, y otros miembros de la familia o de la comunidad. Conciencia de que esos saberes pertenecen a quien los ha recibido como legado de sus mayores y de que el depositario, a su vez, pertenece, como miembro aceptado e indudablemente incluido en esa comunidad. -Conciencia de lugar geográfico y de área cultural. Relaciones interprovinciales y con las naciones limítrofes. Patrimonios compartidos. Los inmigrantes y sus patrimonios originarios. Comparación, valoración. Aceptación bipolar de la diversidad. -La actividad humana. Valorización del trabajo cualquiera sea su modalidad. Maestros de taller, aprendices: el empirismo y la observación participante. Aplicación: Laborterapia. -La naturaleza. Leyendas sobre “dueños” o “abuelos” de la fauna, de la flora, del agua, del aire, de la tierra. Valoración de la narrativa tradicional. Escenificaciones. Elaboración de material audiovisual, etc. etc... / sigue la utilización de cada una de las especies estudiadas en el ACTAE, con el mismo sentido/ -No solamente entre los niños de escuelas públicas ( Ciudad de Buenos Aires, Ezeiza, Mar del Plata, Tandil, San Juan, Córdoba, Salta, La Rioja, Entre Ríos, Ushuaia ) la aplicación de las propuestas didácticas del ACTAE ha sido eficaz para colaborar en procesos de integración. En la práctica musicoterapéutica con niños de diversas patologías y especialmente con ancianos se han logrado notables mejorías en procesos de aislamiento, generando confianza en sí mismos y en los otros, entre los pacientes.

Aspectos creativos o diferenciales de la práctica:

La práctica propuesta se basa en experiencias que hemos detallado y en otras recogidas de la aplicación de nuestro programa ACTAE, que fue, en el momento de su lanzamiento, una experiencia inédita en nuestro país. Ahora ponemos énfasis en la recuperación de saberes por parte de la comunidad, no sólo por medio de la escuela sino también, y especialmente, por la participación de otros sectores vinculados con la enseñanza no formal y el desarrollo comunitario.

Principales obstáculos o desafíos que encontraron o encuentran para el desarrollo de la práctica:

En el caso del ACTAE las dificultades consistieron, y consisten aún más hoy en que su aplicación continúa, en la necesidad de contar con más ejemplares de la obra. Los 2000 ejemplares de la primera edición, los 5000 de la segunda y los 2000 de la tercera, que eran todos de distribución gratuita (porque yo cedí siempre mis derechos autorales en tal sentido) se agotaron casi inmediatamente. Gran parte de los de la segunda fueron también a embajadas y consulados de nuestro país en el exterior por decisión de la Cancillería. En cuanto a la nueva práctica la dificultad consiste en tener llegada homogénea a instituciones descentralizadas y asimétricas a cuyos referentes deberemos acceder para lograr su colaboración

Etapas del proyecto - plan de acción - cronograma:

- Formación de Recursos Humanos adiestrados específicamente (90 días y continuar) - Edición de materiales de apoyo: audiovisuales (música, canciones, imágenes). (90 días y continuar) - idem - cuadernillos impresos - Obtención de espacios de contacto: reales (escuelas, centros comunitarios, instituciones sociales y - Realización de muestras de los saberes recuperados (según resultados) - Evaluación (permanente)

Recursos para el desarrollo de la experiencia:

Desde el comienzo de la experiencia del Programa ACTAE hemos contado con distintas fuentes de recursos: -Horas institucionales... adscripción de la Directora a la Secretaría de Cultura de la Nación, donde creó el Centro de Folklore Aplicado (CEFA) para radicar el Programa (1978) . -Tareas voluntarias: a partir de la eliminación del CEFA de la planta funcional de Cultura (1980) , todas las tareas se realizaron de manera voluntaria y no remunerada, con excepción del período 1983-84 en que contamos con fondos del Programa de Participación de la UNESCO.( 1984) -Donantes: Todos los recursos financieros partieron de la Institución Ferlabó, sociedad de familia sin fines de lucro que preside la Directora del Programa. -Fueron fundamentales para la publicación de las obras emanadas del Programa ACTA el apoyo de la Dirección Nacional de Educación Artística del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación (1986) y del Honorable Senado de la Nación ( años 1988; 1994). En la actualidad no hay otros recursos que los de la Institución Ferlabó para financiar el Proyecto “Y yo... ¿qué sé?”


¿En el caso de resultar premiada la práctica postulada, en qué invertiría el dinero del premio?
- Elaboración, edición y divulgación de cartillas y CD orientadores para mediadores individuales e institucionales: padres, abuelos, parientes y familiares de los jóvenes en situación de riesgo; asistentes sociales, maestros y profesores, guías religiosos, animadores socio-culturales, líderes naturales de cada comunidad. - Contratación de especialistas en la confección de los productos mencionados. - Obtención de espacios institucionales para llevar a cabo la acción divulgadora (radio, TV, etc.). - Viajes de los divulgadores debidamente capacitados hasta distintas áreas del país que, según diagnósticos técnicos, requieran particular atención o que lo soliciten.




Premio Comunidad Inclusiva 2007


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